jueves, 30 de agosto de 2012

El día que Enrique Ponce recibió como regalo de cumpleaños vencer a la EM Villanueva

Jesús Sánchez
La Moraleja: EM Villanueva 93-94
Nos situamos en diciembre de 1994. Durante ya año y medio, la Escuela Municipal de Villanueva ha ocupado como equipo sénior el vacío generado por el mítico CD Villanueva. El primer año ha servido como toma de contacto para gente muy joven. El entrenador en el inicio, el beatense Juan Higueras abandonó el barco en noviembre camino de La Puerta, y Juan Antonio Porlán tuvo que ocupar su hueco. La inestabilidad y según muchos la escasez de compromiso llevó a resultados desfavorables terminando el equipo la temporada como colista. La nueva campaña había traído nuevo aires de la mano de un viejo conocido como José Manuel Casas para encargarse del banquillo. A pesar de su llegada, las cosas no habían mejorado en demasía. El conjunto villanovense era muy irregular, capaz de lo mejor y de lo peor, de dar siempre una de cal y una de arena. Aquel domingo festivo, 8 de diciembre de 1994 se trataba de la jornada 16. Tocaba visitar un pueblo vecino, Navas de San Juan. El club navero estaba en las posiciones de cabeza y se preveía un encuentro disputado.

Recordar el resultado de aquel día es lo de menos aunque fue 4 a 2. El árbitro, algo que tampoco es excesivamente importante, fue Antonio Pulido Gutiérrez acompañado por David R. Pérez Sueza y José Luis Benoso Criado.  

Por el CD Villanueva formaron: Santi Anaya (1) en la puerta, a priori, David Mora (5), Juan González Alguacil (2), José Antonio Moreno (4) y Francisco Javier Carrillo (3) en la zaga, Alfonso Cabrera (6), Antonio García Romero (7), Jero Sánchez (10) y Tomás José “Trompi” (11) en el mediocampo y Pepe Martínez Romero (8) y Juan Reales García (9) en la punta de ataque. Como refresco actuaron: Juan Herreros (12), Juan Antonio Martínez Romero (13), Pedro Sánchez (14), Marcos Jódar Arce,”Marquitos” (15) y Manuel Ruiz (16). Hasta aquí todo normal.

Pero en el once navero resalta un pequeño detalle. Con el 1 salió Alfonso Lorente, con el 2 Francisco Quirante, con el 3 Miguel Ángel Quirado Guzmán, con el 4 Iván Rubio Fernández, con el 5 Antonio Nieto Sola, con el 6 Antonio Cabezas Aranda, con el 8 José Rubio Fernández, con el 9 Antonio L. López Sánchez, con el 10 José M. Unión Peláez y con el 11 Antonio Hurtado Ibáñez. Luego jugaron Pedro Hurtado, Juan Haro, Fco. José Segura, Diego Ballesteros y Andrés Fernández.

Acta SP Navas - EM Villanueva









Lo curioso lo encontramos al observar el nº 7 que presentó en acta las Navas SP: Alfonso Enrique Ponce Pérez. Sí, el mismo. Uno de los mejores toreros de esa temporada taurina. Primer espada en nº de corridas en el escalafón tanto en 1992 como en 1993, era uno de los personajes más conocidos de la época. Su idilio con nuestra provincia surgió a muy temprana edad, en torno a los  14 años. De origen valenciano, en esa zona era muy difícil torear siendo tan joven y se dirige a Jaén, en concreto a un festival en Santisteban del Puerto, donde su destino se une al de Juan Ruiz Palomares, que a partir de entonces y hasta hoy se convierte en su apoderado. Gracias a él todavía sin  cumplir 15 años debuta vestido de luces en otra plaza jiennense, la de Baeza el 20 de agosto de 1986. Comienza una meteórica carrera como novillero que le lleva a convertirse en uno de los más prometedores. Se despide como novillero precisamente en las Navas de San Juan el 28 de febrero de 1990, unos días antes de tomar la alternativa en Valencia y empezar su camino como uno de los mejores toreros de la última década del Siglo XX  e inicios de Siglo XXI. Su romance con nuestra provincia lo ejemplifica también en lo personal, construyéndose una finca en Las Navas de San Juan, la Cetrina, en la que precisamente se construye un campo de fútbol  7 que es testigo de grandes pachangas. Por ello, formaba parte de aquel equipo. Porque Enrique Ponce además de matador de toros era y es un amante de fútbol. Clásico en los míticos partidos contra las Drogas o partidos benéficos de todo tipo, aquel año, aún en los albores de su carrera taurina, fue de la partida con Las Navas de San Juan Sociedad Polideportiva. Así mismo lo cuenta en su web personal, en concreto en el espacio dedicado a sus aficiones, y entre las predilectas al fútbol. (El fútbol) “ha sido mi deporte toda la vida, lo he jugado desde niño y además pienso que de no haber sido torero me podía haber dedicado más de lleno al fútbol porque la verdad es que siempre se me ha dado muy bien, tenía facilidad y habilidad con el balón”.



En el propio sitio web narra que incluso se federó esa campaña con las Navas y jugó algunos partidos. Y aquel del 8 de diciembre fue uno de ellos y muy especial. Porque ese día era también su 23 cumpleaños. Así que estaba con sus amigos, jugando a su deporte preferido, en los orígenes de una fulgurante carrera y era el centro de atención. 

Además, no se defendía mal con la pelota y aquella tarde lo demostró. Pepe y Jero anotaron nuestros goles aquel domingo y Antonio López hizo dos de los goles de los locales pero el verdadero verdugo de la EM Villanueva, trayendo por la calle de la amargura a sus defensores y haciendo las delicias de los aficionados fue Enrique Ponce. Hasta se permitió el lujo de  marcar los otros dos tantos y convertirse en pieza clave del desenlace del encuentro. Cuentan algunos que en cada uno de sus goles, nuestros futbolistas más aficionados al toreo incluso le abrazaban felicitándole, en lo que se asemejaba a una fiesta de cumpleaños en toda regla.  “Enrique Ponce, torero y futbolista” titulaban algunos periódicos en aquellas fechas. Uno de los hombres más perseguidos por la prensa rosa que se refugiaba en el fútbol amateur para seguir sintiéndose normal. Aquel día, como muchos ese año, perdimos, pero a cambio ganamos la anécdota de ser partícipes de la fiesta de cumpleaños de uno de los mejores toreros que ha dado nuestro país.